Una Apuesta Peligrosa

Javier tenia buen talento para cualquier juego de azar. Era él hombre indicado para eso. Sin embargo, jamas tenia dinero para apostar. Siempre estaba con los bolsillos vacíos porque siempre estaba endeudado con alguien. Su amigo Germán no conseguía trabajo, igualmente vivía endeudado, tenia problemas en casa, siempre peleaba con su mujer porque lo que conseguía como taxista no les daba lo suficiente para comer y ella tenia que trabajar cosa que Germán no consentía.

Una noche Germán y Javier estaban conversando y pensaron en hipotecar la casa de Germán para que Javier pudiese jugar a las cartas y ganar buen dinero con lo que les daría suficiente como para pagar la hipoteca y tener suficiente dinero sobrante para ambos. Pero la idea no era muy buena si Javier por casualidad llegaba a perder ese dinero Germán iba a perder no solo su casa sino su mujer. Por lo que al fin no resolvió hacer nada y no hipotecó la casa.

Pasaron las semanas y la mujer de Germán enfermó gravemente. En esta ocasión intentó hipotecar  su viejo carro  pero le negaron la solicitud  por el estado en el que se encontraba el automóvil. Habló con Javier el cual le presentó a un prestamista con aspecto de Gangster que daba miedo con solo verlo.

No le quedó otra opción que rogarle por  el dinero a aquel hombre la condición para que le prestaran el dinero era que lo pagase en una semana. No le dieron una gran cantidad pero le ayudó a solucionar su problema. La esposa de Germán no se enteró del sacrificio que este tuvo que realizar para verla sana. Pero ahora Germán se rascaba la cabeza pensando como iba a hacer para pagar la deuda que tenia con el mafioso en menos de una semana. Y Javier justo llego a decirle como iban a pagar.

Continuará…

Ruidos Nocturnos

Mi mujer siempre ha sido muy constante fanática de los juegos de azar. Estos le mueven el espíritu como pocas cosas lo hacen. Creo que ni siquiera me hubiera atrevido a decir que yo le atraiga tanto como los juegos de azar y todo lo que tenga que ver con ellos.

Podía pasar un día entero afanada jugando al bingo. Era una jugadora de cartas excepcional, calculadora con una percepción casi geométrica. Jugaba a los dados sin importar si ganase o perdiese. Era feliz cuando ganaba jugando a la lotería o con alguna apuesta tonta o arriesgada. Yo también solía acompañarla y jugaba algunas veces pero no era tan entregado como ella. Deje de acompañarla cuando adquirí mayores responsabilidades en mi empleo.

Comencé a sufrir de insomnio a causa de mi trabajo pues cambiaba constantemente de turno, algunas veces nocturno otras veces diurno, pero nunca llegaba a acostumbrarme a vivir una semana de noche cuando ya la siguiente tenía que volver a vivir de día. Cuando finalmente me concedieron el turno diurno ya estaba profundamente afectado por la pernocta nunca establecida e interrumpida. Durante los fines de semana también me hallaba en mi empleo, coordinando muchos asuntos que requerían mi presencia.  Una noche me encontraba mirando hacia el techo intentando conciliar el sueño. Noté que mi mujer hacia unos pequeños ruidos, especies de murmullos lentos. Me resultó curioso pero no terminé de prestarle atención.

Con el paso de los días, este hecho se repitió constantemente y los ruidos que emitía mi esposa, su nombre es Isidora, se hicieron más recurrentes y noté que de alguna manera quería expresar alguna palabra pero no lograba entender lo que articulaba.

Gracias a mi insomnio constante fui testigo de cómo esos ruidos y expresiones se tornaron en especies de conversaciones. Mi mujer cuando despertaba no tenía cansancio alguno,  yo por mi parte me encontraba totalmente somnoliento. Y cuando ella quería jugar a las cartas conmigo e invitarme a algún lugar a divertirnos con sus juegos preferidos yo sencillamente estaba muy cansado. Cierto es que solo llegábamos a ver la televisión por las noches, una película o una serie, los resultados de la lotería y  luego nos íbamos a “dormir”.

Sentí demasiada curiosidad una noche al darme cuenta que mi mujer estaba casi profiriendo un discurso mientras dormía y se le veía muy afanada y constantemente pronunciaba un ruido que era repetido con efervescencia. Seguí maquinalmente a pesar de mi cansancio los ruidos que mi mujer pronunciaba y fue ahí que por fin descubrí el misterio de los parloteos nocturnos de mi mujer.

El Gemelo – II

Lo golpearon varias veces en una habitación lejana. Lo acusaban de contar las cartas desde días atrás, que las cámaras lo habían atrapado. Carlos gritaba y les aseguraba que no era él a quien ellos buscaban, que era una equivocación. Le colocaron al frente un monitor con el vídeo de sí mismo donde se le notaba contando las cartas y lo delataba el movimiento de los labios. Fue un momento muy confuso, Carlos no recordaba haber estado haciendo eso y ni siquiera su vestimenta le resultaba conocida, él no tenía ropa tan elegante.Luego lo amarraron a una silla.

Minutos más tarde un hombre robusto y dos guardaespaldas aún más corpulentos entraron en la habitación  y lo golpearon y le pedían que pagase el dinero de la apuesta. Carlos muy confundido y adolorido manifestaba que estaban equivocados, primera vez que los había visto en su vida. Los hombres muy furiosos le aseguraron que las deudas de dinero entre hombres de honor se pagan con la vida. En este momento se puso pálido, lloró y les suplicó que no lo mataran, pero estaban decididos, ya que Carlos no podía pagarles la deuda aun cuando hubiese querido.

Lo llevaron a un campo solitario, no sabía dónde estaba. Asustado temblaba de miedo, no entendía que ocurría, ¿Por qué existía un hombre tan parecido a él? Un hombre que además compartía su entusiasmo por las apuestas y que estaba metido en problemas como él nunca antes estuvo. Lo hicieron sentarse de rodillas y justo cuando pensó que todo había terminado uno de los guardaespaldas dijo “no es él Augusto Marbella tiene un tatuaje de una cruz enorme en la nuca y este  tipo tiene la piel intacta”.

Casi de desmayó del alivio, los hombres le advirtieron que  jamás volviese a aparecer en el casino. Carlos se fue a su casa muy aterrado. Meses después seguía apostando en otros lugares, se dejó crecer el cabello y la barba para así diferenciarse de aquel hombre tan similar a él. Una noche lo vio y el hombre también lo observó a él pero sin reconocerse en su rostro. Carlos le dijo al hombre “apuesto todo el dinero que tienes en ese maletín a que tienes un gemelo”. El hombre rio y confiado le dijo que ya había perdido su apuesta. Un hombre extrañado sirvió de mediador a la peculiar apuesta y concedió permiso a Carlos para que fuese a afeitarse la cara. Dice Carlos que tuvieron que arrancarle el maletín de las manos a aquel hombre, idéntico a Carlos,  porque no quería pagar la apuesta.

El Gemelo

En el mundo de las apuestas todo es posible. A Carlos le gustaba apostar. Los juegos de azar eran lo suyo, siempre tenía un truco bajo la manga, en pocas ocasiones perdía, pero también era cierto que no poseía buen dinero para entrar en el mundo de las altas apuestas. A veces sumas pequeñas en las cartas. Otras algo más arriesgado en los dados y sumas mucho más significativas en escasas ocasiones, no podía arriesgarse más de la cuenta por el temor de no poder pagar.  Una sola cosa es cierta: su sueño era hacerse de una buena suma,  para no volver a trabajar más. Por eso reunió una cantidad decente de dinero y se infiltró en un casino de lujo de una ciudad donde nadie lo conocía.

Era la primera vez que pasaba por el lugar. Pidió ropa de lujo prestada a un amigo actor de teatro. Pagó a un taxista  desde muy cerca para que lo  atendiera como a una personalidad importante y luego entró en el lugar que como todo sitio impregnado de lujo, poder, dinero y mujeres bellas ya lo dejaba narcotizado.

Es cierto que Carlos no poseía una gran suma pero es un as jugando póquer. Consiguió una mesa y así logró ganar un poco de dinero arriesgándose en los momentos propicios, jugando inteligentemente, subiendo sus ganancias. Se fue del sitio esa noche, solo quería darse a conocer.

Volvió con cierta regularidad. Quería hacerse un nombre, no quería llegar a ser un tipo reconocido de la noche a la mañana porque eso trae problemas en cualquier lugar. Pasaron los meses, logró conseguir unos amigos que en algunas ocasiones le trataban distinto y otras de forma amigable.  Una noche estaba confiado pensando que ya le tenían confianza en el sitio hasta que sintió como una mano muy fuerte se le posaba en el hombro y un arma en el costado y una voz grave le dijo: ¿Ya dejarás de contar las cartas?

Continuará…

La Odisea de la Suerte

Esa mañana el taxista que lo llevaba al aeropuerto le dijo a John que la suerte estaría de su parte pero que la aprovechase sino podría traerle rudas consecuencias. En un local donde compró su desayuno una mujer con un aura budista o de alguna otra religión asiática le dijo que tenía alineado su “Chi” y que usase su fuerza interna inteligentemente. Luego esperando su vuelo leyó la sección de entretenimiento del periódico y se topó con su horóscopo, “Libra hoy es un buen día para jugar”.

Una especie de incertidumbre lo invadió por instantes. Compró el boleto de loterías sin mucha fe en sí ganaría o no, pero dando lugar a la esperanza, después de todo ¿Qué podía perder? Pasaría cómodamente unas semanas en casa de sus padres al otro lado del país, con sus viejos amigos, un merecido descanso. Solo tendría que tomar su vuelo de seis horas tranquilamente y no preocuparse por el estrés rutinario. Raspó el boleto en un momento de ocio y vio los seriales fijamente B15-C28-D43. Desvió su atención cuando tuvo que arribar al avión.

Cuando descendió, luego de un vuelo bastante tranquilo, le dieron la noticia que un error tremendo se había producido y que uno de sus bolsos había sido devuelto y retenido en el aeropuerto. Por suerte no era el mismo donde tenía sus tarjetas bancarias e identificación. No se preocupó por ello y pidió le fuese devuelto cuando regresase en dos semanas.

Esa noche cenó con sus padres, bebió tragos con viejos amigos y celebró con sus hermanos, incluso se reencontró con una chica que seguía gustándole mucho y al parecer ella le correspondía. Pero el cansancio lo había vencido así que decidió irse a la cama temprano. Encendió el tv solo por la costumbre de escuchar algo mientras el sueño iba entrando en sus ojos lentamente, pero ningún canal de televisión lograba engancharlo, fue haciendo zapping a través de los canales. Boxeo, no. Demasiado violento. Películas de terror, no. Demasiada perturbación. La laguna azul, no. Demasiado rosa. Y encontró por fin un canal donde estaban en los comerciales y decidió esperar a ver que estaba ofreciendo la programación. Sorpresivamente comenzó un sorteo de lotería. La misma lotería que había comprado en la mañana.

Continuó observando durante unos minutos y cuando iban a salir las cifras del premio especial, un premio que solo puede ser cobrado en 24 horas, se quedó mirando atónito como surgían las letras y números exactos de su boleto. Saltó ágilmente como un tigre y buscó como loco el boleto pero no lo encontró. Se había quedado en el bolso que fue retenido en el aeropuerto por error. Se puso furioso y pensó en viajar inmediatamente de regreso a reclamar su premio a tiempo pero él no sabía que había comenzado su odisea.

Continuará…

Comenzó a llover de manera bastante potente. No pudo conciliar el sueño debido a la ansiedad que le producía cobrar el premio.  La neblina no dejaba siquiera ver lo que ocurría por las ventanas. Por la mañana le explicó a sus padres que tenía que regresar de emergencia y ni siquiera les dijo que había pasado realmente. Se dirigió al aeropuerto a pesar del torrencial aguacero. Le tomó media hora esperar por un taxi que lo llevara. Cuando llegó al aeropuerto todos los vuelos estaban retrasados debido a la lluvia y había incluso un congestionamiento de pasajeros.

Eran seis horas de regreso por vuelo, por tierra tardaría 14 horas y tenía solo 15 horas para ir a cobrar su premio. De llegar tarde el premio quedaría anulado. Es una de las reglas para ese “premio especial”. Enloquecido con la idea de hacerse millonario de inmediato decidió buscar a una persona que lo llevase por tierra. El servicio de buses también estaba clausurado por el temporal que según reportes se agravaría en las próximas horas. Resolvió pagarle a algún taxista para que lo llevase de costa a costa del país, muchos se negaron a pesar del buen pago que ofrecía. Finalmente, un hombre que manejaba un camión le dijo que iba encaminado a llevar una mercancía y tenía que establecer casi la misma ruta. Y podría llevarlo lo más cerca posible. Sin pensarlo dos veces se fue con el extraño, todo con tal de cobrar su premio.

Pasaron la mayor parte del viaje hablando acerca del clima tan malo que hacía y lo bueno que sería tener un lugar caliente, pero John solo podía pensar en su premio de lotería y en las inversiones y lujos que se iba a dar desde ese día en adelante. Solo tendría que llegar a tiempo a su destino.

Un neumático explotó cuando estaban en una carretera en medio de la nada. John maldijo, que mala suerte tenía al contrario del principio del día cuando compró su boleto. Trataron de colocar uno nuevo pero la lluvia dificultaba todo el proceso. Una patrulla de policía se acercó a ellos. Les ayudaron a colocar el neumático, pero luego comenzaron a hacer preguntas al conductor que respondía con muchas evasivas y contradicciones, finalmente los policías reconocieron al camionero como a un asesino peligroso que estaba siendo buscado y se los llevaron.

 John reclamaba no tener que ver con el asesino, pero los policías no le creian. Casi pensó en escapar. Para su mala suerte los policías pararon en un pequeño pueblo porque la lluvia era demasiado pesada. Iban a pasar la madrugada entera en el lugar. Cuando confirmaron que no tenia nada que ver con el asesino lo consolaron pues John tenía el perfil que buscaba para sus víctimas “tiene mucha suerte caballero”. Los policías le dejarían ir luego de tomar declaraciones.

 La lluvia amainó y John tuvo que hacer el camino de vuelta al aeropuerto. Cuando llegó allí le dijeron que no habían vuelos disponibles para él pero tenía suerte de ser el hombre a quien ofendieron en la misma línea devolviendo su paquete. Así que luego de quejarse en grande le dieron un lugar apartado en un vuelo de segunda clase. Llegó con los nervios a flor de piel a reclamar el bolso donde había dejado el boleto de lotería, tardaron casi una hora en encontrar su bolso.

Corrió como un desesperado hasta la agencia de cobros de la lotería, desesperado observó como acababan de cerrarla. Rogó porque lo dejasen cobrar el premio, casi se arrastra para que no anularan el valor del mismo. Por fin con todos los recursos agotados lloró como un niño sin resultado. La chica que atendía le preguntó porque tanta desesperación si el premio podía cobrarse en cualquier momento. Nunca supo si fue producto de su imaginación o producto del alcohol que bebió en su bienvenida pero el premio especial nunca existió. Era un premio que podía cobrarse en cuanto tuviese oportunidad.